Universos de cartón
Otra vez esta pareja: el “eterno niño” Noeul (Phu) y el “recio” Boss (Cirrus) —exitosa, por cierto—, de "obreros" de la actuación BL; probablemente genuina en el mundo real, pero absolutamente despareja en el cine. Repiten hasta el hartazgo la misma fórmula, siendo funcionales a una producción cuasi industrial con pretensiones netamente económicas, muy lejos del arte, para aprovecharse de un fandom ciego —en su mayoría femenino—. Todo esto, sustentado en un guion que resulta un verdadero mamarracho y que incita más a "pasar la página" que a la crítica.
La "historia" narra la unión de dos jóvenes cuyo amor trasciende en... universos paralelos? y que, por la naturaleza familiar de ambos, terminan transitando un romance, tan cursi y empalagoso que provoca vergüenza ajena. Cabos sueltos por todos lados, con un nivel de fantasía mal cocido o mal desarrollado, confuso e incoherente con su propia esencia, con abundancia de actuaciones secundarias bulliciosas, personajes que “entran por la ventana” para justificar escenas y que luego se abandonan sin un cierre narrativo digno, tropos y clichés remanidos —quemados, diría yo, a esta altura—.
Tras cartón, un episodio especial único, que se exhibe aparte, de puro fanservice meloso, como era de esperarse. Y después de los títulos, una escena en donde nuestro Cirrus se despierta en un mundo paralelo encontrándose con su par del otro mundo, sugiriendo un "continuará" o algún spin-off. Todos recursos obvios que no hacen más que "elevar" la obra —y digo elevar pues es el verbo que mejor le cabe a los bolsillos de la productora— a la categoría de basura.
Mientras haya un público masivo sosteniendo estos productos artificiales del género, más lejos estaremos de la verdadera exploración del amor entre varones, tan sublime como masculino, tan carnal como natural, con obras artísticas que abrazan, enseñan y solazan entre lágrimas de dolor y emoción. Historias cargadas de realismo y sudor genuino que se acercan más a la vida cotidiana que a la fantasía "adorable" de la objetivación cobarde.
Fernando Ruiz
ex productor
La "historia" narra la unión de dos jóvenes cuyo amor trasciende en... universos paralelos? y que, por la naturaleza familiar de ambos, terminan transitando un romance, tan cursi y empalagoso que provoca vergüenza ajena. Cabos sueltos por todos lados, con un nivel de fantasía mal cocido o mal desarrollado, confuso e incoherente con su propia esencia, con abundancia de actuaciones secundarias bulliciosas, personajes que “entran por la ventana” para justificar escenas y que luego se abandonan sin un cierre narrativo digno, tropos y clichés remanidos —quemados, diría yo, a esta altura—.
Tras cartón, un episodio especial único, que se exhibe aparte, de puro fanservice meloso, como era de esperarse. Y después de los títulos, una escena en donde nuestro Cirrus se despierta en un mundo paralelo encontrándose con su par del otro mundo, sugiriendo un "continuará" o algún spin-off. Todos recursos obvios que no hacen más que "elevar" la obra —y digo elevar pues es el verbo que mejor le cabe a los bolsillos de la productora— a la categoría de basura.
Mientras haya un público masivo sosteniendo estos productos artificiales del género, más lejos estaremos de la verdadera exploración del amor entre varones, tan sublime como masculino, tan carnal como natural, con obras artísticas que abrazan, enseñan y solazan entre lágrimas de dolor y emoción. Historias cargadas de realismo y sudor genuino que se acercan más a la vida cotidiana que a la fantasía "adorable" de la objetivación cobarde.
Fernando Ruiz
ex productor
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