¿Romance o Paternalismo? Un erotismo castrado
La serie intenta abordar de manera lúdica y romántica la filosofía de la reencarnación. La trama se centra en un triste y desgraciado “anciano” —Xia Cha (Huang Hao Yung)— que vive junto a su nieto Xia Ze Fang (Martin Wong) y su joven vecino Ye Hai Yuan (Kenji Fan), frío e indiferente, quien cuida de su madre soltera que se encuentra embarazada.
Un accidente doméstico (bastante absurdo y forzado, por cierto) les provoca la muerte, y el alma del anciano termina en el cuerpo de su nieto, quien resucita para dar forma a esta historia.
Lo primero que debo señalar es que la obra me resultó entretenida, pero no logró conmoverme. Y no me sale comentarla desde lo humano, sino desde el punto de vista crítico del exproductor. Apelando a una frase que suelo repetir con frecuencia, su mayor virtud se termina transformando en uno de sus defectos: la actuación de Martin Wong. Este joven logra realmente ponerse en la piel de un hombre de 70 años (su abuelo, que tras el accidente ocupa su cuerpo), aunque el personaje no evoluciona y se queda en ese rulo místico que el guion —bastante torpe, por cierto— le dicta. El romance no logra penetrar en el sentimiento del espectador, que solo percibe a un “viejo” confundido, quejumbroso, excesivamente amable y paternalista intentando desembarazarse del extraño dilema que lo aqueja, y a un veinteañero Ye Hai Yuan que no logra procesar el amor hacia el actual ocupante de su otrora despreciado compañero de clases. Me parece una lástima que la dirección de esta fallida obra no haya sabido explotar el talento actoral del primero para así darle un mayor margen de maniobra al segundo.
Taiwán suele ser prolijo en sus producciones; aquí falla tratando de imprimirle cierta originalidad a un recurso bastante clásico y remanido como el intercambio de almas, que termina jugándole en contra. El final es feliz, aunque apresurado, y bastante esperado, supongo, por la mirada exigente que no deja de “mirar el reloj” para cerrar esta historia. Esta última se percibe descabellada e inverosímil, y se empantana además en un mundo inclusivo artificial, plagado de modelos estéticos, en un ámbito universitario en donde la homosexualidad parecería ser la regla, con personajes protagónicos y secundarios carentes de profundidad que circulan solamente para darle fluidez y corrección política a un guion perezoso que debiera exigir mucho más. En conclusión, la obra promete erotismo, pero se desinfla por la lógica de una narrativa que además se torna extensa y cuya única salvación es aportada por el bajo riesgo de la trama y la duración de cada capítulo. Definitivamente intrascendente.
Fernando R.
Exproductor
Un accidente doméstico (bastante absurdo y forzado, por cierto) les provoca la muerte, y el alma del anciano termina en el cuerpo de su nieto, quien resucita para dar forma a esta historia.
Lo primero que debo señalar es que la obra me resultó entretenida, pero no logró conmoverme. Y no me sale comentarla desde lo humano, sino desde el punto de vista crítico del exproductor. Apelando a una frase que suelo repetir con frecuencia, su mayor virtud se termina transformando en uno de sus defectos: la actuación de Martin Wong. Este joven logra realmente ponerse en la piel de un hombre de 70 años (su abuelo, que tras el accidente ocupa su cuerpo), aunque el personaje no evoluciona y se queda en ese rulo místico que el guion —bastante torpe, por cierto— le dicta. El romance no logra penetrar en el sentimiento del espectador, que solo percibe a un “viejo” confundido, quejumbroso, excesivamente amable y paternalista intentando desembarazarse del extraño dilema que lo aqueja, y a un veinteañero Ye Hai Yuan que no logra procesar el amor hacia el actual ocupante de su otrora despreciado compañero de clases. Me parece una lástima que la dirección de esta fallida obra no haya sabido explotar el talento actoral del primero para así darle un mayor margen de maniobra al segundo.
Taiwán suele ser prolijo en sus producciones; aquí falla tratando de imprimirle cierta originalidad a un recurso bastante clásico y remanido como el intercambio de almas, que termina jugándole en contra. El final es feliz, aunque apresurado, y bastante esperado, supongo, por la mirada exigente que no deja de “mirar el reloj” para cerrar esta historia. Esta última se percibe descabellada e inverosímil, y se empantana además en un mundo inclusivo artificial, plagado de modelos estéticos, en un ámbito universitario en donde la homosexualidad parecería ser la regla, con personajes protagónicos y secundarios carentes de profundidad que circulan solamente para darle fluidez y corrección política a un guion perezoso que debiera exigir mucho más. En conclusión, la obra promete erotismo, pero se desinfla por la lógica de una narrativa que además se torna extensa y cuya única salvación es aportada por el bajo riesgo de la trama y la duración de cada capítulo. Definitivamente intrascendente.
Fernando R.
Exproductor
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