Una Partitura Pobre
Asfixiado por el autoritarismo de un padre castrador, profesor de conservatorio, y la presión tácita de un hermano exitoso, también músico, Yoon Se Heon —Jin Kwon—, un joven pianista excelso, abandona el estudio en su casa, ambiente que lo obligaba a practicar hasta el hartazgo la música clásica, para continuar en una escuela de arte y cultivar el jazz, su pasión. El tímido estudiante conoce allí a Han Tae Yi —Ji Ho Geun—, un joven solitario, arisco y enajenado, sumergido en un trauma que no ha podido superar desde la muerte de su hermano mayor.
Transitarán una relación, tensa al principio, llena de enigmas y rispideces, que con el tiempo se irá tornando en una silenciosa dependencia.
Una buena idea, aunque con una narrativa algo trillada: padre incomprensivo, vocación reprimida, pareja antagónica, etc. Un guion famélico, totalmente desaprovechado, que adolece de la intensidad que la música —nada menos que el jazz— pide a gritos. Una historia tibia que no llega a conmover. Una producción prolija, actuada con naturalidad, lo que denota una dirección profesional. Se deja ver, aunque le falta alma y se torna lenta a pesar de la brevedad de sus 8 capítulos. Historias que quedan a medio camino, una pareja secundaria sin desarrollo construida quién sabe por qué, y un final perezoso, demasiado fácil y algo cursi.
A favor, me sacó alguna lágrima, lo reconozco —si bien hacia el final—, y la música, prácticamente diegética, está bien planteada (aunque insuficiente a mi criterio). Pero la falta de intensidad y una narrativa prácticamente casta, en este tipo de obras, resultan absolutamente inexplicables.
Fernando R.
Exproductor
Transitarán una relación, tensa al principio, llena de enigmas y rispideces, que con el tiempo se irá tornando en una silenciosa dependencia.
Una buena idea, aunque con una narrativa algo trillada: padre incomprensivo, vocación reprimida, pareja antagónica, etc. Un guion famélico, totalmente desaprovechado, que adolece de la intensidad que la música —nada menos que el jazz— pide a gritos. Una historia tibia que no llega a conmover. Una producción prolija, actuada con naturalidad, lo que denota una dirección profesional. Se deja ver, aunque le falta alma y se torna lenta a pesar de la brevedad de sus 8 capítulos. Historias que quedan a medio camino, una pareja secundaria sin desarrollo construida quién sabe por qué, y un final perezoso, demasiado fácil y algo cursi.
A favor, me sacó alguna lágrima, lo reconozco —si bien hacia el final—, y la música, prácticamente diegética, está bien planteada (aunque insuficiente a mi criterio). Pero la falta de intensidad y una narrativa prácticamente casta, en este tipo de obras, resultan absolutamente inexplicables.
Fernando R.
Exproductor
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