
Apple: The Series – ¿La vi o la soñé?
Honestamente, no sé ni por dónde empezar esta reseña… pero no porque tenga demasiado que decir, sino porque —sorpresa— ¡no me acuerdo de la trama! La vi hace unos meses, me olvidé de escribir sobre ella en su momento… y ahora estoy acá, dudando si una de las protagonistas era ciega o eso lo soñé después de una maratón de doramas.Y mirá, ese dato ya habla por sí solo.
La historia es bastante olvidable, no voy a mentir. Pero también hay que decir que me entretuvo lo suficiente como para verla en dos noches, así que tan grave no fue. Tiene ese factor de “no sé qué está pasando pero no puedo dejar de mirar”, como cuando uno se queda viendo dramas de TikTok sin contexto.
Lo más rescatable, sin duda, es la química entre las protagonistas. Ellas se merecen un guión que les haga justicia. O por lo menos uno que no se borre de la memoria como archivo temporal de WhatsApp.
Conclusión: Apple: The Series no va a cambiar tu vida, ni mucho menos, pero si tenés un rato libre y ganas de ver algo ligero, no duele. Solo no le pidas mucho… ni intentes recordarla después de una semana.
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La serie donde todos necesitan terapia... o cárcel
Hablar de Love Senior es complicado. Por un lado, hay que reconocerle el mérito de ser una de las primeras GLs tailandesas, y eso ya le da un valor histórico. Pero por otro lado… ¡ay Dios mío, qué difícil fue verla!Desde el minuto uno se nota el nivel de amateurismo en el guion, la dirección y la fotografía. Y aunque las actrices tienen una química fuera de pantalla que se ve en entrevistas y eventos, algo no cuadra cuando están actuando juntas. Hay una desconexión constante que parece venir más por parte del equipo detrás que de ellas mismas. Da la impresión de que el director no supo dirigir ni una escena de "hola, ¿cómo estás?".
La serie parte como un típico drama adolescente universitario, pero en los últimos dos episodios alguien decidió meter TODOS los clichés de telenovela mexicana conocidos por la humanidad. Y no solo eso, ¡lo hacen sin previo aviso y sin sentido alguno! Resultado: las tramas no cierran, los personajes toman decisiones random, y cada cinco minutos hay un momento WTF que te deja mirando la pantalla tipo: ¿qué acabo de ver?
Me costó horrores terminarla. La empecé tres veces y solo la logré terminar cuando literalmente no me quedaba ningún otro GL disponible. Ahora voy a ver los especiales, pero la fe ya está tambaleando. Porque honestamente, no hay un solo personaje en esta serie que no necesite mínimo terapia intensiva, o derechamente cárcel.
Love Senior es una mezcla entre “hicimos lo que pudimos” y “¿por qué lo hicieron así?”. Y aún así, por historia del GL tailandés, se mira. Pero con paciencia. Muuucha paciencia.
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El inicio caótico (y cero actuado) de Englot
Show Me Love es la primera serie de Engfa y Charlotte, y mira… se nota. No es que actúen mal. Es que directamente no actúan. Están ahí, diciendo líneas, existiendo en pantalla, pero sin emoción, sin expresión, sin intención. Y uno piensa: “ok, pero si literalmente están haciendo de reinas de belleza compitiendo por Miss Grand Thailand… ¿cómo ni siquiera pudieron actuar de ellas mismas?”La respuesta probablemente no está solo en ellas, sino en un combo letal de guion flojo, dirección perdida y edición con cero sentido narrativo. Esta serie no se entiende ni a palos. Intenté verla al menos cuatro veces, pero fue solo cuando no tenía NADA más disponible (y demasiado tiempo libre) que logré terminarla. Aunque ni siquiera sé si la terminé o si la edición simplemente saltó un capítulo entero. Sí, así de desordenada es.
Pero ojo, ver Show Me Love tiene un solo y gran beneficio: te permite valorar el increíble glow up de Englot. Porque si viste también Love Bully y Petrichor, puedes afirmar con letras fluorescentes, neón y en tipografía 72 que Engfa y Charlotte son una de las parejas actorales que más han evolucionado.
Pasaron de ser dos misses recitando líneas sin alma a una dupla con química real, actuaciones profundas y un desarrollo que se siente genuino. Y eso es algo que no muchas pueden decir.
Así que sí, Show Me Love es un caos con corona. Pero es parte del camino, y a veces, hay que ver el desastre para entender el arte.
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Ye-ri me arruinó emocionalmente (y lo volvería a permitir)
Lo primero que tengo que decir sobre Friendly Rivalry es que lo empecé a ver durante un vuelo de 12 horas de Santiago a Madrid… y me frustré REAL cuando aterricé y aún me quedaban 4 episodios. Nunca en mi vida había deseado que un vuelo se alargara, pero esta serie lo logró.Ahora, no estoy segura si se puede catalogar 100% como un GL. Técnicamente, la trama no gira en torno a una relación romántica, pero la química amorosa entre las protagonistas es tan obvia que el subtexto dejó de ser “sub” hace rato. Cada escena es fuego, tensión y miradas que te hacen gritarle al celular.
La serie está llena de plot twists, pero es súper fácil de seguir y no se vuelve densa en ningún momento. Es ágil, intensa y emocionalmente adictiva. Y aunque Tailandia sigue siendo el rey indiscutido de los GLs, Corea trae lo suyo con una calidad brutal: guión sólido, cinematografía preciosa y actuaciones que te dejan tiesa. Literal, Corea no sabe hacer las cosas a medias.
Y ahora sí, terminaste tan enamorada de Ye-ri como yo... es momento de agendar con el psicólogo, o mejor aún, con el psiquiatra, porque todavía no tengo claro si es la green flag con moral cuestionable más grande del planeta o una red flag del tamaño de la maldita Torre Lotte World. En cualquier caso: icon.
Friendly Rivalry no es solo una historia bien hecha — es una experiencia. Y una que probablemente no vas a superar en un buen rato.
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Club Friday Hot Love Issue: Love Bully
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Love Bully – No tiene sentido, pero tiene a Englot, y con eso basta
Love Bully es la segunda serie de Engfa y Charlotte, y se nota que todavía estaban encontrando su ritmo... pero ¡eh!, es un salto cuántico respecto a la anterior. Así que ya solo por eso, merece su lugarcito en el radar.La trama es... bueno, digamos que el sentido no es su fuerte. Es cortita, confusa por momentos, y si intentas entender la lógica de los personajes, probablemente termines haciendo pausa para reírte o preguntarte si te perdiste un capítulo (spoiler: no, simplemente es así). Pero es entretenida, y a veces eso es todo lo que necesitas.
Ideal para un finde sin plan, maratonearla con algo rico y dejarte llevar por el drama tailandés sin cuestionarte demasiado. ¿Lo mejor? Que funciona como la antesala perfecta para Petrichor, donde Engfa y Charlotte brillan de verdad y demuestran el tremendo salto actoral que dieron desde Love Bully.
Así que si quieres ver cómo fue el camino de Englot, desde los momentos más what the hell hasta llegar a la joya que es Petrichor, esta serie es una parada no obligatoria pero si entretenida. A veces un drama medio caótico también tiene su encanto.
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Blank (Parte 2) – Ahora con menos gafas, más universidad y la misma confusión emocional
La segunda temporada de Blank llega para resolver algunas cosas… y para reforzar otras que ya eran raras desde la primera. Sí, por fin sentimos que Anung es mayor de edad, ¡milagro! Ya va a la universidad, se sacó las gafas y parece haber salido de esa cápsula de “adolescente perpetua” en la que estaba metida. Punto a favor.Pero si pensabas que eso iba a eliminar la dinámica confusa con Nueng, JAJAJA no, mi ciela. Esta vez no es Nueng la que impone esa relación medio tía-mentora-cuidadora-romántica-indescifrable, sino que... ¡son los propios padres de Anung! Porque al parecer en este universo, los padres ausentes y las abuelas crueles vienen en pack familiar.
Así que ahí está Nueng otra vez, cargando con el peso emocional de medio árbol genealógico mientras trata de entender qué es lo que realmente siente, y qué es lo que debería sentir, y todo eso mientras te mira con esos silencios que gritan más que cualquier diálogo. ¿Confuso? Absolutamente. ¿Adictivo? Más todavía.
Porque por mucho que te haga levantar una ceja cada tres escenas, Blank sigue teniendo esa magia rara que no te deja soltar el botón de "siguiente episodio". Te atrapa, te remueve, y te deja pensando cosas como: ¿estoy viendo una historia de amor, un drama familiar o una intervención emocional que se fue de las manos?
Y aún así, la vas a seguir viendo. Porque eso hace Blank: te enreda, te incomoda, pero no te suelta.
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Blank: The Series – Adictiva, intensa... y un poquito incómoda
Blank es esa serie que te atrapa sin piedad. La empiezas, y de repente ya vas por el episodio 8 a las 3 a. m. con los ojos como platos y el corazón confundido. Es buena, MUY buena, y Faye se luce con una interpretación que te deja sin aliento. Pero también… hay cosas que no te dejan del todo tranquila.Empezando por el elefante en la habitación: el gap de 16 años entre las protagonistas. Sí, sabemos que Anueng tiene 20 años legalmente hablando, pero entre su apariencia tan juvenil y su actitud infantilizada, por momentos se siente más como si estuvieras viendo una relación entre tía y sobrina, o madre e hija, o… algo que no sabes bien cómo procesar. Yoko lo hace muy bien, pero esa "inocencia" constante genera una incomodidad difícil de ignorar.
Y mientras estás intentando resolver ese dilema moral interno, te lanzan la montaña rusa emocional con Nueng, esa relación en limbo que no sabes si va o viene, si hay cariño materno, romanticismo o terapia pendiente.
Aun así, la serie es adictiva. Está bien hecha, tiene momentos brillantes y te mantiene pegada a la pantalla como si estuvieras viendo algo prohibido. Probablemente porque… bueno, por momentos se siente así.
Conclusión: Blank es arte, conflicto y drama intenso. No es para ver en piloto automático. Vas a amar, dudar, analizar y posiblemente googlear las edades del elenco para calmarte un poco. Pero sin duda, no la vas a olvidar fácilmente.
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Affair: The Series – Conexión real, lágrimas (falsas) y mucho drama
Affair es una serie que tiene algo muy especial: alma. Esa conexión entre las protagonistas no se actúa, se siente. La historia es sencilla, aunque con ligeros giros de trama, que logra engancharte desde el primer episodio como si fuera una telenovela a las 3 p. m. con cafecito en mano.Las actrices están brillantes. Te hacen amar, reír, sufrir y hasta odiar con ganas. Y aunque el drama nunca deja de dar vueltas, la serie se las arregla para sentirse ligera y ágil. Eso sí… el final se siente un poquito apresurado (pero, seamos honestas, ¿qué serie GL no lo sufre? Ya es casi tradición).
Peeeero ahora hablemos de lo que nadie quiere decir pero todos sentimos:
¿Quién dejó al actor que hace de Ek pasar esa audición? Las escenas que debían ser el clímax emocional fueron saboteadas por su interpretación de una papa mojada. ¿Llorar en cámara? Inexistente. ¿Emoción? Nula. Alguien que le preste una cebolla, por favor.
Aun así, Affair vale la pena. Es de esas series que te atrapan por cómo te hacen sentir, incluso cuando no todo está perfectamente hecho. Y eso, amigas, no se enseña.
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GAP: The Series – No es perfecta, pero es histórica
GAP puede que no sea el GL perfecto. De hecho, cada vez que la vuelvo a ver encuentro errores que antes ni había notado (¡y algunos no tan sutiles!). La historia es un cliché con todas las letras, sí, pero se ganó su lugar en la historia por una razón muy poderosa: fue la primera que se atrevió.Fue la que nos dio un espacio a todas las sáficas que crecimos con historias que siempre terminaban en tragedia. Sí, te estoy hablando a ti, Clexa. GAP vino a cambiar el juego, y por eso, aunque no sea una obra maestra, se merece respeto.
Si estás dudando si verla, no te sientas obligado solo por su valor histórico. Pero mi recomendación más sincera es que le des una oportunidad. Eso sí: no la midas con la misma vara que a los nuevos GLs, porque así no la vas a disfrutar nunca. Mirala como lo que es: un primer paso, con mucho corazón y toneladas de carisma.
Y si nada de eso te convence... mirala por Freen y Becky. Su química traspasa la pantalla y, honestamente, sostienen toda la serie con eso… ¡y con unas extensiones mal puestas!
Ah, y mención honorífica a Nam, que cada vez que aparece es comedia pura. No se puede pedir más.
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23.5 es como ese primer amor adolescente: dulce, caótico y te deja con ganas de más. La serie nos regala una historia de amor entre dos chicas que no solo te hace suspirar, sino que también te hace reír a carcajadas, especialmente gracias a Ongsa, que es básicamente el alma de todo esto.
Eso sí, a veces la historia parece que tomó demasiado café y se olvidó de cerrar tramas que abrió con entusiasmo. La serie es cortita, y eso se nota: de repente hay historias que se resuelven con un “bueno, eso fue todo, sigamos”, y una se queda con cara de “¿y entonces?”.
Sun, la otra protagonista, arranca con una personalidad y luego cambia por completo ¿Reinvención personal o confusión del guionista? Aún no lo sabemos, pero al menos nos mantiene alerta y digamos que desata con esto los grandes dramas de este Gl.
Y si hablamos de personajes que se roban el corazón, ahí están Aylin y Luna. Ellas nos muestran ese lado más profundo, donde el mundo parece quedarle chico a personas como Aylin, que lucha por encontrar su lugar, y Luna que, con su sensibilidad, logra entenderla. Las dos aportan una dimensión más reflexiva y necesaria a esta historia tan luminosa como su título.
En resumen: 23.5 es una serie que te hace reír, llorar, pensar y gritarle a la pantalla de vez en cuando. No es perfecta, pero como los buenos romances adolescentes, se gana tu corazón igual.
PD: Denle a Latte un protagónico.
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